Buscando información sobre mi Cusquito querido (quienes me conocen saben cuánto lo quiero), encontré un artículo de título: “Temporal en Machu Picchu: crónica de una catástrofe anunciada”, escrito por Sabrina Chirico. Copio abajo la introducción:
“Si miramos un plano de las vías de Perú Rail, podemos apreciar que éstas bordean todo el recorrido del río Vilcanota, también llamado Urubamba. Este río ya se hallaba en alerta naranja cuando Perú Rail se apresuraba a cortar los boletos para que los turistas llenen los vagones. Las lluvias no daban descanso pero el pronóstico nacional no anunciaba ningún tipo de alerta meteorológico, cuestión bastante sospechosa.”
Las imágenes recogidas por turistas, periodistas y aficionados no desmienten lo afirmado por esta periodista.
El 25 de Enero pasado el río Urubamba, debido a las intensas lluvias, no solo aumentó sino que sobrepasó su cauce en entre 4 y 5 metros, inundando no sólo las carreteras, puentes, vías del tren, hectáreas de cultivo, sino también distritos enteros como lo son Aguas Calientes, Yucay, Pisac, entre otros.
Sin embargo la principal atención la obtuvo Aguas Calientes, no sólo por ser el principal foco turístico del país (a 10 minutos de este distrito se encuentra la ciudadela perdida y maravilla del mundo: Machu Picchu), sino por la cantidad de turistas de múltiples nacionalidades que en aquel momento se encontraban.
A lo largo de la crónica arriba mencionada, la autora nos cuenta como en ningún momento se detuvo el constante flujo de turistas que llegaban a este distrito, y que una vez declarado el estado de emergencia por fin se detuvo… pero ya no había forma de salir.
El gobierno, no se movía.
El alcalde Edgar Miranda sale a dar informe de la situación al tumulto de personas, cuando ya esta se había salido de control y fue al fin declarada “situación de emergencia”. Hace un relato de los pueblos y pobladores afectados, y acaba su genial discurso con la frase: “Ojalá, que Dios nos ayude”.
El gobierno seguía sin moverse al ritmo requerido por la emergencia.
Fueron los turistas quienes en conjunto con jóvenes voluntarios de la localidad y algunos pobladores se organizaron por nacionalidad, identificándose, separándose en grupos, haciendo listas con nombres, buscando lugares para habitar y pasar la noche y hasta para hacer “olla común”.
El gobierno por fin hiso una eficiente aparición.
Es recién el 28 de Enero (3 días después) que el gobierno peruano hace su aparición en aguas calientes, listo para ordenar lo que ya estaba ordenado.
Cuenta Sabrina Chirico que el ejercito peruano toma las listas hechas por los turistas, así como las computadoras con la información procesada en aquellos 3 días, genera el alboroto de nuevo, y logra la evacuación de 1400 personas de distintas nacionalidades en una mañana (¡yo también lo escuché en una radio local! pero era raro que en los días previos hayan salido sólo 400 personas… y de repente lograron la increíble cantidad de 1400 personas, ni siquiera registrada en el terremoto de Ica).
Este hecho ha sido único en la historia del país ya que ni siquiera al resto de distritos de Lucre, Yucay, Pisaq, entre otros muchos centros poblados también afectados con la última crecida del Urubamba, y también quienes lo han perdido casi todo o todo (mucho más incluso) se les ha dado las facilidades que se han dado en Aguas Calientes.
Me doy cuenta entonces, que en lo que va del año y con el gobierno actual, lo que al parecer menos importante es la gente de nuestro pueblo…